Hygge
hygge On the surface, it seems like a no-brainer

 

Hygge
hygge On the surface, it seems like a no-brainer

 

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Picture the scene: you’re snuggled up on the couch with a steaming mug of hot chocolate. Half a dozen scented candles light up the living room. Outside, it’s pouring down, but you don’t care because you’ve got nowhere to be; reading the final chapters of your current novel is your only concern.
What’s this feeling?

Imagínate la siguiente escena: estás hecho un ovillo en el sofá con una taza humeante de chocolate entre las manos. Media docena de velas perfumadas iluminan el salón. Fuera llueve a cántaros, pero te da igual porque no tienes que estar en ningún sitio; leer los últimos capítulos de tu novela es tu única preocupación.
¿Cuál es esta sensación?

What about four friends sitting round a rustic table nestled away in the corner of an Irish pub. The crackling of the log fire and the gentle chatter from the other patrons form a pleasant background noise to the light-hearted conversation unfolding over a glass of sherry.

Y cuatro amigos sentados alrededor de una mesa rústica resguardada en el rincón de un pub irlandés. El crepitar de la chimenea de leña y el ligero murmullo de otros clientes componen el sonido de fondo tras la conversación desenfadada que transcurre con una copa de jerez.

What adjectives spring to mind when you think about that?

¿Qué adjetivos se te ocurren cuando piensas en eso?

Up until a few months ago we would most likely have offered "cosy", "homely" or perhaps "snug". As of summer 2016, though, we have a more precise term to describe the blend of feelings elicited—hygge.

Hasta hace unos meses hubiéramos propuesto "acogedor", "hogareño" o quizá "confortable". Pero a partir del verano de 2016 contamos con un término más preciso para describir la mezcla de sentimientos suscitados—hygge.

This delightful wee Danish word that has entered our vernacular and captured our imaginations faster than you can say Jack Robinson translates roughly as “cosiness and well-being”, but it means a whole lot more.

Esta pequeña y preciosa palabra danesa que ha entrado en nuestro lenguaje corriente, y que ha cautivado nuestra imaginación en menos que canta un gallo, se traduce aproximadamente como “acogedor y bienestar”, pero significa mucho más.

In the space of three months, a term that was only known by a select few is now a major talking point in the media and is even promising to be a Christmas hit: over a dozen books have been published on the topic—stocking filler material, perhaps.

En el espacio de tres meses, un término que sólo se conocía entre unos pocos privilegiados es ahora un importante tema de discusión en los medios, e incluso promete ser un éxito de Navidad: más de una docena de libros se han publicado sobre el tema —regalitos para tu calcetín navideño, quizá.

In one such book, How To Hygge -The secrets of Nordic living, Signe Johansen explains how to enjoy the outdoors the Nordic way, including the joy of fika (coming together over  cake and coffee), as well as a selection of comforting recipes and photos that give you a warm fuzzy feeling.

En uno de estos libros, Cómo "Hyggear"- Los secretos de la vida nórdica, Signe Johansen explica cómo disfrutar de la naturaleza al estilo nórdico, incluyendo los encantos de fika (juntarse para tomar pastel y café), además de una selección de recetas reconfortantes y fotos que te hacen sentir calentito y a gusto.

But, why the sudden interest in Danish words?
How come every man and his dog is getting so worked up about cinnamon buns and hot chocolate?

Pero, ¿por qué el interés repentino por las palabras danesas?
¿Cómo es que todo dios se está revolucionando por los rollos de canela y el chocolate caliente?

For several years now, the world has been looking toward Scandinavia for answers. From their prison system to their nursery schools, through drug addiction treatment and their solution to homelessness, they seem to be one step ahead. But there’s one variable in particular that has everyone fascinated: their happiness.

Desde hace varios años ya, el mundo se está fijando en Escandinavia para encontrar respuestas. Desde su sistema penitenciario hasta sus guarderías, pasando por su tratamiento de drogadictos y su forma de reducir la indigencia, parece que siempre están un paso por delante. Pero hay una variable en concreto que tiene a todo el mundo fascinado: su felicidad.

Of the 130 countries involved, the Danes have come out on top again in the World Happiness Report, with Sweden and Norway close on their heels. We Brits (in 23rd place) and Spanish (37th) surely have a thing or two to learn from them. Anthropologists, scientists, and the odd miserable bugger are at pains to figure out what the secret is to their sickening happiness.

De los 130 países que participaron, los daneses han vuelto a ocupar el primer puesto del Informe Mundial de la Felicidad, con Suecia y Noruega pisándole los talones. Tiene que haber un par de cosas que los Británicos (en el puesto 23) y los Españoles (37) podamos aprender de ellos. Antropólogos, científicos y algún que otro desgraciado están intentando por todos los medios averiguar cúal es el secreto de su vomitiva felicidad.

Is it the amount of bacon they eat? Or maybe their predilection for pickled herring? Some have pointed to their candle consumptionDanes in particular use twice as many candles as any other country.

¿Es la cantidad de beicon que consumen? ¿O quizá su predilección por los arenques en escabeche? Algunos han señalado su consumo de velas: los daneses gastan el doble de velas que cualquier otro país.

Their wealth, good-looks, high levels of trust and comprehensive social security don’t go all the way to explaining their  leading the way, according to Meik Wiking of the Happiness Research Institute in Copenhagen. He suggests that hygge may be “the overlooked ingredient in the recipe for Danish happiness”.

Su riqueza, belleza, alto nivel de confianza y su extensa seguridad social no terminan de explicar por qué llevan la delantera, según dice Meik Wiking del Instituto de la Investigación de Felicidad en Copenhague. Él sugiere que el hygge puede ser “el ingrediente que se ha pasado por alto en la receta de la felicidad danesa”.

Another author who has got on the hygge bandwagon, Helen Russell, has written the enticingly titled “The Year of Living Danishly: Uncovering the Secrets of the World’s Happiest Country”.

Otra autora que se ha subido al tren del hygge, Helen Russell, ha escrito un libro con el seductor título “El año viviendo a lo danés: Destapando los secretos del país más feliz del mundo”.

That’s got bestseller written all over it.

Tiene toda la pinta de ser un bestseller.

“The rest of the world seems to be slowly waking up to what Danes have been wise to for generations – that having a relaxed, cosy time with friends and family, often with coffee, cake or beer, can be good for the soul. Hygge seems to me to be about being kind to yourself – indulging, having a nice time, not punishing or denying yourself anything,” she says.

”El resto del mundo está poco a poco tomando conciencia de lo que los daneses han sabido durante generaciones – que pasar un rato relajado y acogedor con amigos y familia, muchas veces con un café, un pastel o una cerveza, puede ser bueno para tu alma. Me parece que el hygge se trata de ser amable contigo mismo – darte el gusto, pasarlo bien, no castigarte ni privarte de nada”, dice ella.

On the surface, it seems like a no-brainer: munching away at pies and beer while your hot blonde friends—all wearing knitted jumpers—stoke the fire, stroke the cat, and tell jokes of times gone by...

A primera vista parece de cajón: saboreando empanadas y cerveza mientras tus amig@s rubi@s y buenorr@s—tod@s vestid@s con jerseys de punto—atizan la chimenea, acarician al gato y cuentan chistes de los viejos tiempos...

Its obvious appeal is also the key to its success.
After years of keeping a low profile, they’ve finally found a way to cash in on their supposed happiness and export it as a distinct and almost tangible concept; a brand if you will.

Su obvio atractivo también es la clave de su éxito.
Tras años pasando desapercibidos, han encontrado finalmente la forma de sacar partido de su supuesta felicidad y exportarla como un concepto marcado y casi tangible; una marca, por así decirlo.

The Economist magazine has said as much: "Hygge is being marketed as a way for foreigners to imitate the Danes’ balanced, relaxed, egalitarian lifestyle.”

La revista The Economist lo ha dicho así: "Hygge se está comercializando entre los extranjeros como una forma de imitar el estilo de vida equilibrado, relajado e igualitario que tienen los daneses”.

The more business-minded Danes (and incomers) are now tapping into the global thirst for well-being. Like weight-loss books and sex, happiness sells.

Los daneses más astutos en los negocios (y los recién llegados allí) están ahora aprovechando la sed global de bienestar. Igual que los libros de adelgazamiento y sexo, la felicidad vende.

And it’s not just books.
Eateries, cafes and bars are also riding the wave of hygge-mania. Comfort food, mismatched decor, comfy seating, and candle-lit settings are hallmarks of a hygge-rich spot.

Y no se trata solo de libros.
Los restaurantes, las cafeterías y los bares están sacando provecho de la hygge-manía. Comida reconfortante, estilos de decoración desiguales, asientos cómodos y un escenario iluminado de velas son el auténtico sello de un lugar rico en hygge.

Home fashion, too, has been quick to embrace hygge. Punters are scrambling to their nearest Ikea to get their hands on velvet-lined armchairs, sheepskin rugs and cute coffee tables.

La moda de hogar también ha actuado rápido para acoger el hygge. Los clientes están corriendo a toda leche hacia su Ikea más cercano para hacerse con butacas revestidas de terciopelo, pieles de oveja y mesitas de café cuquis.

The million kroner question is: will this make us happier? Is it really that straightforward?

La pregunta del millón es: ¿nos hará más felices? ¿Es tan sencillo?

The cynic in me says no. She says that all this hygge malarky is a manifestation of their happiness, not the cause.

El cínico que hay en mí dice que no. Dice que todo este rollo del hygge es la expresión de su felicidad y su abundancia, no la causa.

The fact that the country with the world’s highest taxes (50-70%) also happens to be the happiest is more telling than their taste in knitwear and cinnamon buns.

El hecho de que el país con los impuestos más altos del mundo (50-70%) también sea el más feliz, es más revelador que su gusto por el punto y por los rollos de canela.

Sitting around drinking mulled wine on a sheepskin rug in a Madrid or London flat already has a name: it’s called Christmas. And pretending that things are all dandy for a couple of weeks is hard enough, let alone a lifetime; for behind the veneer there's a sense of injustice, inequality, worry and fear that mean that, no matter how many candles you light, you will never really believe you are in Copenhagen.

Pasar el tiempo sentado en una piel de oveja, bebiendo vino caliente con especias, en tu piso de Londres o Madrid ya tiene nombre: se llama Navidad. Y si fingir que todo está chachi durante dos semanas es lo suficientemente difícil, mucho más será hacerlo una vida entera, pues detrás del barniz hay una sensación de injusticia, desigualdad, preocupación y miedo que hace que por muchas velas que enciendas, nunca creerás de verdad que estás en Copenhague.

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Picture the scene: you’re snuggled up on the couch with a steaming mug of hot chocolate. Half a dozen scented candles light up the living room. Outside, it’s pouring down, but you don’t care because you’ve got nowhere to be; reading the final chapters of your current novel is your only concern.
What’s this feeling?

Imagínate la siguiente escena: estás hecho un ovillo en el sofá con una taza humeante de chocolate entre las manos. Media docena de velas perfumadas iluminan el salón. Fuera llueve a cántaros, pero te da igual porque no tienes que estar en ningún sitio; leer los últimos capítulos de tu novela es tu única preocupación.
¿Cuál es esta sensación?

What about four friends sitting round a rustic table nestled away in the corner of an Irish pub. The crackling of the log fire and the gentle chatter from the other patrons form a pleasant background noise to the light-hearted conversation unfolding over a glass of sherry.

Y cuatro amigos sentados alrededor de una mesa rústica resguardada en el rincón de un pub irlandés. El crepitar de la chimenea de leña y el ligero murmullo de otros clientes componen el sonido de fondo tras la conversación desenfadada que transcurre con una copa de jerez.

What adjectives spring to mind when you think about that?

¿Qué adjetivos se te ocurren cuando piensas en eso?

Up until a few months ago we would most likely have offered "cosy", "homely" or perhaps "snug". As of summer 2016, though, we have a more precise term to describe the blend of feelings elicited—hygge.

Hasta hace unos meses hubiéramos propuesto "acogedor", "hogareño" o quizá "confortable". Pero a partir del verano de 2016 contamos con un término más preciso para describir la mezcla de sentimientos suscitados—hygge.

This delightful wee Danish word that has entered our vernacular and captured our imaginations faster than you can say Jack Robinson translates roughly as “cosiness and well-being”, but it means a whole lot more.

Esta pequeña y preciosa palabra danesa que ha entrado en nuestro lenguaje corriente, y que ha cautivado nuestra imaginación en menos que canta un gallo, se traduce aproximadamente como “acogedor y bienestar”, pero significa mucho más.

In the space of three months, a term that was only known by a select few is now a major talking point in the media and is even promising to be a Christmas hit: over a dozen books have been published on the topic—stocking filler material, perhaps.

En el espacio de tres meses, un término que sólo se conocía entre unos pocos privilegiados es ahora un importante tema de discusión en los medios, e incluso promete ser un éxito de Navidad: más de una docena de libros se han publicado sobre el tema —regalitos para tu calcetín navideño, quizá.

In one such book, How To Hygge -The Secrets of Nordic Living, Signe Johansen explains how to enjoy the outdoors the Nordic way, including the joy of fika (coming together over cake and coffee), as well as a selection of comforting recipes and photos that give you a warm fuzzy feeling.

En uno de estos libros, Cómo "Hyggear"- Los secretos de la vida nórdica, Signe Johansen explica cómo disfrutar de la naturaleza al estilo nórdico, incluyendo los encantos de fika (juntarse para tomar pastel y café), además de una selección de recetas reconfortantes y fotos que te hacen sentir calentito y a gusto.

But, why the sudden interest in Danish words?
How come every man and his dog is getting so worked up about cinnamon buns and hot chocolate?

Pero, ¿por qué el interés repentino por las palabras danesas?
¿Cómo es que todo dios se está revolucionando por los rollos de canela y el chocolate caliente?

For several years now, the world has been looking toward Scandinavia for answers. From their prison system to their nursery schools, through drug addiction treatment and their solution to homelessness, they seem to be one step ahead. But there’s one variable in particular that has everyone fascinated: their happiness.

Desde hace varios años ya, el mundo se está fijando en Escandinavia para encontrar respuestas. Desde su sistema penitenciario hasta sus guarderías, pasando por su tratamiento de drogadictos y su forma de reducir la indigencia, parece que siempre están un paso por delante. Pero hay una variable en concreto que tiene a todo el mundo fascinado: su felicidad.

Of the 130 countries involved, the Danes have come out on top again in the World Happiness Report, with Sweden and Norway close on their heels. We Brits (in 23rd place) and Spanish (37th) surely have a thing or two to learn from them. Anthropologists, scientists, and the odd miserable bugger are at pains to figure out what the secret is to their sickening happiness.

De los 130 países que participaron, los daneses han vuelto a ocupar el primer puesto del Informe Mundial de la Felicidad, con Suecia y Noruega pisándole los talones. Tiene que haber un par de cosas que los Británicos (en el puesto 23) y los Españoles (37) podamos aprender de ellos. Antropólogos, científicos y algún que otro desgraciado están intentando por todos los medios averiguar cúal es el secreto de su vomitiva felicidad.

Is it the amount of bacon they eat? Or maybe their predilection for pickled herring? Some have pointed to their candle consumptionDanes in particular use twice as many candles as any other country.

¿Es la cantidad de beicon que consumen? ¿O quizá su predilección por los arenques en escabeche? Algunos han señalado su consumo de velas: los daneses gastan el doble de velas que cualquier otro país.

Their wealth, good-looks, high levels of trust and comprehensive social security don’t go all the way to explaining their leading the way, according to Meik Wiking of the Happiness Research Institute in Copenhagen. He suggests that hygge may be “the overlooked ingredient in the recipe for Danish happiness”.

Su riqueza, belleza, alto nivel de confianza y su extensa seguridad social no terminan de explicar por qué llevan la delantera, según dice Meik Wiking del Instituto de la Investigación de Felicidad en Copenhague. Él sugiere que el hygge puede ser “el ingrediente que se ha pasado por alto en la receta de la felicidad danesa”.

Another author who has got on the hygge bandwagon, Helen Russell, has written the enticingly titled “The Year of Living Danishly: Uncovering the Secrets of the World’s Happiest Country”.

Otra autora que se ha subido al tren del hygge, Helen Russell, ha escrito un libro con el seductor título “El año viviendo a lo danés: Destapando los secretos del país más feliz del mundo”.

That’s got bestseller written all over it.

Tiene toda la pinta de ser un bestseller.

“The rest of the world seems to be slowly waking up to what Danes have been wise to for generations – that having a relaxed, cosy time with friends and family, often with coffee, cake or beer, can be good for the soul. Hygge seems to me to be about being kind to yourself – indulging, having a nice time, not punishing or denying yourself anything,” she says.

”El resto del mundo está poco a poco tomando conciencia de lo que los daneses han sabido durante generaciones – que pasar un rato relajado y acogedor con amigos y familia, muchas veces con un café, un pastel o una cerveza, puede ser bueno para tu alma. Me parece que el hygge se trata de ser amable contigo mismo – darte el gusto, pasarlo bien, no castigarte ni privarte de nada”, dice ella.

On the surface, it seems like a no-brainer: munching away at pies and beer while your hot blonde friends—all wearing knitted jumpers—stoke the fire, stroke the cat, and tell jokes of times gone by...

A primera vista parece de cajón: saboreando empanadas y cerveza mientras tus amig@s rubi@s y buenorr@s—tod@s vestid@s con jerseys de punto—atizan la chimenea, acarician al gato y cuentan chistes de los viejos tiempos...

Its obvious appeal is also the key to its success.
After years of keeping a low profile, they’ve finally found a way to cash in on their supposed happiness and export it as a distinct and almost tangible concept; a brand if you will.

Su obvio atractivo también es la clave de su éxito.
Tras años pasando desapercibidos, han encontrado finalmente la forma de sacar partido de su supuesta felicidad y exportarla como un concepto marcado y casi tangible; una marca, por así decirlo.

The Economist magazine has said as much:”Hygge is being marketed as a way for foreigners to imitate the Danes’ balanced, relaxed, egalitarian lifestyle.”

La revista The Economist lo ha dicho así: ”Hygge se está comercializando entre los extranjeros como una forma de imitar el estilo de vida equilibrado, relajado e igualitario que tienen los daneses”.

The more business-minded Danes (and incomers) are now tapping into the global thirst for well-being. Like weight-loss books and sex, happiness sells.

Los daneses más astutos en los negocios (y los recién llegados allí) están ahora aprovechando la sed global de bienestar. Igual que los libros de adelgazamiento y sexo, la felicidad vende.

And it’s not just books.
Eateries, cafes and bars are also riding the wave of hygge-mania. Comfort food, mismatched decor, comfy seating, and candle-lit settings are hallmarks of a hygge-rich spot.

Y no se trata solo de libros.
Los restaurantes, las cafeterías y los bares están sacando provecho de la hygge-manía. Comida reconfortante, estilos de decoración desiguales, asientos cómodos y un escenario iluminado de velas son el auténtico sello de un lugar rico en hygge.

Home fashion, too, has been quick to embrace hygge. Punters are scrambling to their nearest Ikea to get their hands on velvet-lined armchairs, sheepskin rugs and cute coffee tables.

La moda de hogar también ha actuado rápido para acoger el hygge. Los clientes están corriendo a toda leche hacia su Ikea más cercano para hacerse con butacas revestidas de terciopelo, pieles de oveja y mesitas de café cuquis.

The million kroner question is: will this make us happier? Is it really that straightforward?

La pregunta del millón es: ¿nos hará más felices? ¿Es tan sencillo?

The cynic in me says no. She says that all this hygge malarky is a manifestation of their happiness, not the cause.

El cínico que hay en mí dice que no. Dice que todo este rollo del hygge es la expresión de su felicidad y su abundancia, no la causa.

The fact that the country with the world’s highest taxes (50-70%) also happens to be the happiest is more telling than their taste in knitwear and cinnamon buns.

El hecho de que el país con los impuestos más altos del mundo (50-70%) también sea el más feliz, es más revelador que su gusto por el punto y por los rollos de canela.

Sitting around drinking mulled wine on a sheepskin rug in a Madrid or London flat already has a name: it’s called Christmas. And pretending that things are all dandy for a couple of weeks is hard enough, let alone a lifetime; for behind the veneer there's a sense of injustice, inequality, worry and fear that mean that, no matter how many candles you light, you will never really believe you are in Copenhagen.

Pasar el tiempo sentado en una piel de oveja, bebiendo vino caliente con especias, en tu piso de Londres o Madrid ya tiene nombre: se llama Navidad. Y si fingir que todo está chachi durante dos semanas es lo suficientemente difícil, mucho más será hacerlo una vida entera, pues detrás del barniz hay una sensación de injusticia, desigualdad, preocupación y miedo que hace que por muchas velas que enciendas, nunca creerás de verdad que estás en Copenhague.

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